Para el que no lo sepa, el tema de las marcas es un asunto muy serio. Empresas de todo el mundo gastan millones de euros en dotarse de una apariencia gráfica coherente, y disponer de una buena guía de estilo es el principio de toda estrategia de comunicación. Pionero en este campo fue Paul Rand, responsable de la imagen de marca de IBM desde la segunda mitad de los años 50 y padre del concepto moderno del “diseño de la comunicación”; al menos, según la historia que quieren que recordemos.
Todo diseñador sabe que conseguir que un diseño produzca
el efecto deseado en el espectador es responsabilidad tanto de la calidad del
diseño en sí, como del interés que se ponga en la aplicación y difusión del
mismo. Con tal fin existen los llamados manuales de aplicación gráfica o libros
de estilo.
Son estos compilaciones de la forma en que un diseño,
generalmente un logotipo, deberá representarse, imprimirse, mostrarse y
presentarse en definitiva. En ellos se definen los tamaños, las proporciones,
los colores y las diferentes aplicaciones del diseño y resultan de gran
utilidad.
De este modo las empresas se asegurarán que su logotipo e identidad gráfica sea representada en cualquier lugar en base a unas normas básicas prefijadas, sin lugar a la arbitrariedad que pudiera perjudicar la imagen.
De este modo las empresas se asegurarán que su logotipo e identidad gráfica sea representada en cualquier lugar en base a unas normas básicas prefijadas, sin lugar a la arbitrariedad que pudiera perjudicar la imagen.
Sin embargo los libros de estilo no siempre han servido
para la expansión de una empresa o institución, sino que existe un precedente
creado con otros objetivos pero con resultados fascinantes.
Para conseguir los objetivos del partido
nacional-socialista, necesitaba contar con el apoyo de una mayoría que le
otorgara el poder en las urnas, y para conseguir ese apoyo se sirvió de una
retórica dialéctica muy poderosa y de una no menos potente imagen gráfica en
forma de una parafernalia visual que ha hecho historia.
El símbolo de su partido era la esvástica, un antiguo
signo oriental que podía tener significados opuestos según en qué dirección
giraran sus aspas pero que pronto perdió su original significación para ser
únicamente un elemento gráfico de gran potencia, sencillo, creado sólo con
líneas rectas negras sobre un círculo blanco enmarcado en un fondo rojo. Una
imagen poderosa por su sencillez y su brillante elección del color que está a la
altura de la mayoría de los mejores logotipos actuales.
La esvástica tiene la misma fuerza gráfica que el swoosh, la manzana de Apple, El círculo negro de la American Broadcasting Company o el oso panda de WWF entre muchos otros. No sólo tiene la misma fuerza, sino que es igualmente moderno pese a su antiguedad.
La esvástica tiene la misma fuerza gráfica que el swoosh, la manzana de Apple, El círculo negro de la American Broadcasting Company o el oso panda de WWF entre muchos otros. No sólo tiene la misma fuerza, sino que es igualmente moderno pese a su antiguedad.
Los Nacionalsocialistas sabían muy bien cuan grande era la necesidad de crear una imagen unitaria, una simbología que les identificara en cualquier lugar, que hiciera reconocible a su partido y lo que este hiciera en todo el mundo, y para ello pensaron en Robert Ley, jefe del Frente de Trabajo Alemán del que a pesar de los avances que consiguió para los trabajadores apenas se le recuerda.
Oficialmente, Ley es el creador del Organisationsbuch der
NSDAP, el libro de estilo de toda la imagen Nacionalsocialista
Este es un volumen de más de seiscientas páginas
encuadernado en tela y escrito con la tipografía gótica característica de
Alemania en esa época, en el que queda reflejado cada una de las aplicaciones
visuales de la estética Nacionalsocialista
Nada escapa de este libro, todo fue reflejado, cada placa,
cada uniforme con sus enseñas, medallas y galones, cada bandera, cada distancia
entre los barracones de un campamento. Las armas, las diferentes jerarquías en
el ejército, los mapas, los instrumentos musicales militares, los logotipos de
organismos dependientes como el de las SS o la Luftwaffe, los cordones de los
uniformes de gala, todo quedó estudiado y organizado en este libro adelantado a
su época.
Se dice que alguien como Ley no fue capaz de crear por sí
solo una obra así y que detrás está la figura de Joseph Goebbels, auténtico
artífice de la poderosa estética Nacionalsocialista y responsable de los actos
multitudinarios que fascinaron a las masas.
El Organisationsbuch se adelantó a su tiempo en la
minuciosidad y detalle con que cada elemento ha sido descrito, en la visión
previsora de quién fuera su verdadero autor al prever cada mínimo detalle visual
de la prevista expansión del ejército del III Reich. Determinó con precisión
cómo se aplicaría la imagen nacionalsocialista sin dejar escapar un sólo aspecto
de esa aplicación y el resultado se convirtió en un ejemplo para diseñadores
futuros, fruto de una época pero con validez en la actualidad.
El Organisationsbuch der NSDAP es un tomo de más de 600
páginas encuadernado en tela con 70 láminas a todo color que describe los
símbolos, colores, tipografías, banderas, medallas, estandartes, uniformes y
papelería de todas las organizaciones asociadas al partido Nazi con
profesionalidad, detalle y exhaustividad germana. Todo está especificado y
medido sin dejar espacio para dudas: la imagen que percibiría el pueblo alemán
primero y el mundo entero después sería un todo coherente y visualmente
impactante. Aunque el libro conoció varias ediciones, es muy raro encontrarlo en
la actualidad debido a su destrucción sistemática durante la postguerra. Su
olvido forzado no ha impedido que los manuales de estilo gráfico actuales hagan
uso de las mismas técnicas con idénticos objetivos: fijar su marca en la mente
del público y fomentar la unidad y lealtad interna. Es de justicia que las
grandes corporaciones reconozcan, con el recuerdo de este pionero diseño de
comunicación, una deuda de gratitud con la herencia de aquel sistema político.
El resultado fue fascinante dando lugar a uno de los
mejores ejemplos de la importancia que tiene el diseño en cualquier forma de
comunicación, independientemente de cual fuera su mensaje.
El cine bélico durante años se encargó de recordarnos como
fue aquella expansión visual de una forma que no quedó reflejada en los
documentos de la época por la ausencia, salvo algunas excepcionesm del color. En
las mejores películas hemos visto las calles alemanas engalonadas con las
banderas rojas, blancas y negras y hemos entendido de qué forma los mítines de
Hitler atraian a las multitudes. Las enormes banderas rojas, los uniformes
negros con brazaletes tricolores y otros elementos innovadores del NSADP tienen
aún hoy en día, cuando el diseño nos ha ofrecido tanta maravilla, una capacidad
de fascinación única independiente del fin con que fueron creados, un poder
especial, el poder de la sencillez y la meticulosidad del buen diseño.




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